Una torre de departamentos de 18 niveles en la ribera norte del Biobío, a solo 400 metros de la falla activa que cruza Chiguayante. El estudio de mecánica de suelos mostraba arenas sueltas hasta los 22 metros, con nivel freático a 1.8 m en invierno. El mandante pedía una solución que no implicara pilotes de gran diámetro y que mantuviera la operatividad post-sismo. Ahí entró el diseño de aislación sísmica de base. Modelamos 7 pares de acelerogramas compatibles con el espectro de la NCh2745, evaluamos 3 tipos de aisladores elastoméricos con núcleo de plomo y verificamos desplazamientos máximos bajo el sismo máximo creíble. La diferencia entre una base fija y una aislada fue pasar de un corte basal de 5200 toneladas a uno de 980. En Chiguayante, donde la amenaza sísmica es tangible, la aislación sísmica de base deja de ser un lujo y se convierte en una decisión estructural inteligente. Complementamos el diseño con un ensayo triaxial cíclico para refinar los parámetros de degradación del módulo de corte de las arenas del Biobío.
Un sistema de aislación bien diseñado reduce la aceleración espectral en la superestructura hasta en un 70% respecto a una base fija en el mismo suelo de Chiguayante.



