Chiguayante suma más de 85 mil habitantes sobre una terraza fluvial del río Bío Bío, donde los depósitos de arena limosa y gravas arenosas alternan con bolsones de arcilla. Cada campaña de exploración que procesamos en laboratorio refleja esa heterogeneidad: en menos de 300 metros lineales la fracción fina puede saltar de 15 a 60 por ciento. El análisis granulométrico por tamices más hidrómetro entrega la curva completa que exige la normativa chilena, desde las gravas hasta las partículas coloidales. Sin esa información de grano fino ningún estudio de licuefacción en la ribera norte del Bío Bío tendría sustento, porque el potencial de licuación depende directamente de la distribución de tamaños y del contenido de finos no plásticos. En Chiguayante procesamos muestras alteradas e inalteradas bajo NCh 1508, con doble vía de tamizado mecánico y sedimentación por hidrómetro calibrado a 20 °C, asegurando trazabilidad en cada fracción.
En las terrazas de Chiguayante la diferencia entre un suelo bien clasificado y uno mal graduado se define en la columna del hidrómetro, no en la pila de tamices.



