El tendido de la línea sísmica comienza con el posicionamiento de un arreglo de 24 geófonos verticales de 4.5 Hz, espaciados a distancias regulares que se ajustan según la profundidad de investigación requerida en el perfil de suelo de Chiguayante. Una fuente activa, generalmente una comba de 8 kg, golpea una placa metálica para generar ondas superficiales que viajan a través de las terrazas fluviales y depósitos sedimentarios del río Biobío, formaciones geológicas dominantes en los sectores de Manquimávida y Lonco. El equipo de adquisición registra estas vibraciones para procesarlas mediante algoritmos de inversión que extraen la curva de dispersión, permitiendo obtener el perfil de velocidad de ondas de corte (Vs) cada metro. Este procedimiento no invasivo resulta crítico en una comuna con 85,000 habitantes donde la microzonificación sísmica es obligatoria para proyectos de mediana altura, ya que el subsuelo puede variar drásticamente entre el sector céntrico y las laderas de los cerros colindantes.
La medición de ondas de corte permite definir el tipo de suelo sísmico con una precisión que la exploración directa no alcanza en los complejos depósitos del Biobío.



