Una excavación para un edificio de 5 pisos en la ribera norte del río Biobío, cerca de la costanera de Chiguayante, dejó al descubierto una arena fina saturada que nos obligó a detener todo. La ciudad se asienta sobre terrazas fluviales cuaternarias donde el nivel freático puede aparecer a menos de 2 metros de profundidad en los sectores bajos, un escenario clásico para que ocurra el fenómeno de pérdida de resistencia durante un sismo. El análisis de licuefacción de suelos se activó de inmediato porque la norma NCh2369 exige evaluar este riesgo en zonas sísmicas, y Chiguayante, con sus más de 85 mil habitantes, está en el corazón de una de las regiones de mayor actividad tectónica del país. El equipo extrajo muestras inalteradas y ejecutamos penetraciones estándar cada metro; los valores de N60 por debajo de 15 en los estratos arenosos confirmaron la sospecha inicial. Sin ese diagnóstico temprano, la cimentación proyectada habría quedado expuesta a asentamientos diferenciales severos ante un evento como el del 27F, que aún está fresco en la memoria de la comuna. Complementamos la campaña con un ensayo CPT para refinar el perfil de resistencia sin perturbar la muestra, obteniendo una estratigrafía continua que permitió modelar el factor de seguridad en tres escenarios de aceleración máxima.
Un N60 menor a 15 en arena saturada a 2 metros de profundidad en Chiguayante activa la evaluación de licuefacción obligatoria según NCh2369.



