El contraste geotécnico entre la terraza fluvial del Biobío y los cerros de la Cordillera de la Costa define buena parte de los desafíos de fundación en Chiguayante. En la zona baja, los sedimentos arenosos saturados pueden superar los 20 metros de espesor, mientras que en sectores como Lonco o Villuco aparece roca meteorizada a profundidades mucho menores. La tomografía sísmica de refracción/reflexión permite resolver esa incógnita sin depender exclusivamente de sondajes puntuales. Trabajamos con tendidos sísmicos que entregan una imagen continua 2D, identificando contactos litológicos y zonas de baja velocidad de onda. Para proyectos sobre arenas limosas, complementamos con un ensayo CPT que verifica la resistencia de punta in situ, y en terrenos de ladera revisamos la estabilidad de taludes antes de posicionar la fundación.
Un perfil sísmico continuo evita interpretar erróneamente un rechazo de perforación como roca sana cuando en realidad se trata de un bloque errático dentro de un depósito coluvial.



