El equipo de campo llega a Chiguayante con el sismógrafo de banda ancha y los cables del arreglo multicanal. Se despliegan 24 geófonos sobre la terraza fluvial o el depósito de ceniza volcánica, según el sector, y se inicia la captura de ondas superficiales. La microzonificación sísmica no es un trámite administrativo: es la única vía para cuantificar cómo amplifica el suelo el movimiento que ya trae la roca desde el hipocentro. En esta comuna de la Provincia de Concepción, con más de 85.000 habitantes y una historia sísmica marcada por el 27F, la respuesta del terreno varía en pocas cuadras. Por eso el estudio mide la velocidad de onda de corte en los primeros 30 metros y entrega el parámetro Vs30, indispensable para clasificar el perfil de suelo según la normativa chilena vigente. La campaña incluye ensayos complementarios como el sondaje SPT cuando se necesita correlacionar la rigidez dinámica con la resistencia a la penetración, y se apoya en la tomografía sísmica cuando el sustrato rocoso es muy irregular bajo los estratos blandos.
La microzonificación sísmica en Chiguayante cuantifica la amplificación del terreno: el factor de sitio puede duplicar la aceleración en roca sobre ciertos depósitos de ceniza.



