Chiguayante se asienta sobre una terraza fluvial al margen del río Biobío, a solo 29 metros de altitud. La población de la comuna, que supera los 85.000 habitantes según el último censo, convive con un subsuelo que en gran parte corresponde a arenas limosas y limos arcillosos de origen lacustre. El terremoto del 27 de febrero de 2010 dejó claro que el comportamiento de estas formaciones bajo carga dinámica no es trivial: sectores como Manquimávida experimentaron amplificaciones locales que dañaron estructuras de baja altura. Cuando abordamos un diseño de losa de cimentación en esta zona, el punto de partida es siempre el perfil de velocidad de onda de corte, porque la rigidez del suelo en los primeros 30 metros varía notoriamente entre la cota del río y los faldeos de la cordillera de la Costa. Más que una losa, proyectamos una placa estructuralmente solidaria que reparte asientos y reduce giros en planta, clave en terrenos con estratigrafía errática como los que encontramos en Chiguayante.
Una losa bien calculada en suelo lacustre de Chiguayante reduce asientos diferenciales a menos de 2 cm, incluso bajo sismo severo.



