En Chiguayante, lo primero que revisamos al llegar a un terreno nuevo es la huella del río Biobío. No es un dato menor: la llanura aluvial donde se asienta gran parte de la comuna, entre cerros y el cauce, deja depósitos de arena limosa y gravas arenosas con niveles freáticos altos que cambian con la temporada de lluvias. En nuestra especialidad, quien diseña fundaciones en pilotes sin conocer esa dinámica está partiendo con el pie izquierdo. Hemos visto proyectos detenidos porque el sondaje no llegó a la profundidad suficiente o porque la campaña geotécnica subestimó la variabilidad lateral del estrato competente. Por eso, cuando hablamos de pilotes en esta zona, partimos por integrar la geología local con la normativa sísmica chilena, entendiendo que cada lote, incluso dentro de la misma calle, puede tener un perfil estratigráfico distinto bajo la carpeta vegetal.
En Chiguayante, la distancia entre un buen diseño de pilotes y un problema estructural la define la interpretación del perfil estratigráfico, no solo el software de cálculo.



